Esta cocina en blanco y negro, diseñada con especial cariño, combina estética minimalista y moderna, con líneas muy sencillas que aportan elegancia y funcionalidad. La combinación de blanco y negro nunca falla, y en este caso refuerza la limpieza visual y la sobriedad del espacio.
El proyecto se encuentra en uno de los edificios más singulares de Bilbao: Las Torres Isozaki. Su arquitectura característica permitió aprovechar al máximo la luz natural gracias a una pared completamente acristalada, que aporta amplitud y convierte la cocina en un espacio realmente especial.
El espacio se organiza en dos zonas bien definidas: Por un lado, la zona de trabajo, que integra la zona de cocción y el fregadero. Y por otro, la zona de almacenaje, acompañada de una barra ideal para desayunos, comidas informales o simplemente compartir momentos mientras se cocina. Ambas zonas están resueltas con el mismo material: mobiliario en laca alto brillo, con puertas rayadas que aportan textura y un punto de sofisticación discreta.
Una propuesta funcional, luminosa y con mucha personalidad.



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